Panteon

Entendemos la arquitectura como una disciplina que se fundamenta en tres ejercicios: la investigación teórica, la docencia y la práctica profesional. Los tres son necesarios para un desarrollo pleno como arquitecto: la investigación nos permite profundizar en aquello que nos interesa, la docencia en expresarlo en voz alta y la práctica en confrontarlo con la lógica constructiva, económica y con la crítica.

Pensamos que en el equilibrio entre forma, función y tecnología se hallan los fundamentos de la buena arquitectura. De ellos se deriva la práctica de un discurso libre cuya poética surge de la permanente búsqueda de lo razonable. Consecuentemente nos interesan conceptos alejados de la frivolidad y del capricho pero que, por su intensidad lógica y emocional, nos sirven para captar sensaciones y estímulos. Perseguimos una arquitectura que apueste por sus valores intrínsecos, profundos y constructivos, a la vez que huimos de la inconsistencia de ciertas propuestas arquitectónicas caracterizadas por una definición gráfica artificiosamente compleja, cuya viabilidad constructiva se termina en el papel que las contiene. Preferimos construir el lugar en vez de construir en el lugar, porque la arquitectura debe ser la respuesta sensata y natural al entorno en el que reposa. Es el lugar el que otorga especificidad al proyecto, y el proyecto el que lo significa perpetuamente.

Nuestra forma de trabajar es científica, ya que se basa en la recopilación de interrogantes y en la formulación de soluciones que las satisfagan bajo un único orden. Los concursos ocupan una buena parte de nuestra labor profesional, pues es a través de ellos como podemos investigar y ahondar en nuestras inquietudes. Muchas de ellas tienen que ver con conceptos como la escala, la monumentalidad, los nuevos modos del habitar... conceptos que siempre articulamos bajo una única idea instrumental que estructura el discurso gramático del edificio.

Manejamos referencias muy diversas, útiles para comprender el sedimento del que surgen nuestras ideas y que alimenta las preocupaciones critico-teóricas en torno a las que trabajamos. Viajamos y estudiamos para aprender de grandes maestros como Le Corbusier, Mies, Aalto o Kahn, pero nos sentimos más cercanos a Terragni, Bunshaft, Breuer, Jacobsen, Koenig, Ellwood o a los constructores de la antigüedad.